EN LA CAMIONETICA...¡QUÉ SUERTE!
Qué varilla, se me hizo tarde… Son como las seis y media y está oscuro. ¿Será posible? Vas a tener que grabártelo de alguna forma, ¿será que mi disco duro ya se pasó de duro a tieso? Y mientras voy a paso ligero, o más que eso, y sorteando obstáculos (huecos, alcantarillas sin tapa, motos, basura y hasta borrachines), me repito: debes estar pendiente de la hora, del sitio. Te va a armar un peo, “¿hasta cuando tengo que decírtelo?” “te estás buscando un problema, y luego vas a culpar al gobierno” Qué estrés, lo peor es el tiquititique de mi esposo.
Sigo hacia la Av. Baralt para agarrar, una camionetica que diga Av. Panteon. ¡Ay, llegué, por fin! A ver, ¿dónde me coloco?, en la Parada no hay nadie, pero en la próxima esquina esta llegando gente, voy para allá. Mosca, los negocios están casi todos cerrados y por lo tanto hay poca iluminación, ojos y oídos abiertos, mijita. Pasan varias unidades antes de divisar a lo lejos una que es la mía, subimos varias personas, doy una ojeada rápida y decido sentarme en el primer puesto del lado derecho, quedando hacia el pasillo, y al lado de un señor, grande con un bolso también bastante grande. Respiro, ya estoy en camino.
Reparo en el chofer, un señor que estaría cercano a los setenta años, de semblante tranquilo,
Y divago – caramba, este hombre ya debería estar en otra cosa, lo obligará la necesidad, parece buena persona-. Continuamos por dos cuadras, sin prisa y sin música. No es lo común, pero nuestro buen chofer maneja con cautela, calmadamente,-¡qué suerte!-
Piden parada, estamos por la salida del Metro en Capitolio, bajan usuarios, y ya iba a arrancar o tal vez quiso arrancar rápido, ¿lo hizo a propósito?, esto lo pensé varios días después recordando los hechos.
Unos brazos largos y manos se aferraron con fuerza a los lados de la puerta, el pasajero y yo nos miramos, silencio… “espérate, coñ., déjame subir mi tío, no joda, qué mierda”, algunas palabras que entendimos de lo que decía un hombre joven que intentaba subir y aparentemente se le hacía difícil, arrastraba una pierna y no tenía estabilidad debido a los efectos de estupefacientes, echaba unas miradas casi perdidas a todos, mientras se esforzaba para subir, lo consiguió.
Estábamos como petrificados, como si no nos enteráramos de nada, mirábamos al chofer, al ser humano que ya estaba sentándose en el asiento al lado del chofer y a nosotros mismos, todo en fracciones de segundos. Mi vecino de asiento tenia su bolso apretado, sujetándolo con las dos manos, “¿será que tiene algo valioso?” “¡Dios! ¿que hago? ¿me bajo?, pero, tal vez sea peor… calma, que no le llegue tu miedo…”
El sujeto hablaba constantemente, pero se le entendía poco, de repente metió la mano entre el pantalón y la camisa, para sacar algo, “ya está, nos fregamos”, no, no era un arma, era un bojote de billetes de poca denominación, con los que a veces le decía al chofer que él tenía mucho dinero y otras le pedía que le prestara, o que se lo diera, tratando de tomar de la pequeña caja el dinero. El señor no perdió la calma, con suavidad, pero firme le retiraba la mano de la caja diciendo que se quedara tranquilo, una y otra vez.
De pronto, molesto, llevó una de las manos hacia la parte baja del pantalón, la introdujo en una de las botas, -el tiempo como que se detuvo-, creo que dejé de respirar, no nos movíamos, solo los ojos. Pero, nos miró, miró al chofer, volvió a mirarnos, le sostuve la mirada apenas, y, no siguió con lo que iba a hacer… Pidió para que lo dejara bajar, entre otras cosas que no se le entendieron, y bajó, con mucha dificultad, cerca del TSJ.
Nanda, marzo de 2010
¡RAULÍN!
Existe un género de seres que se han adjudicado un empleo informal, a falta del formal, y que no es la buhonería, ni la venta de lotería, o de periódicos, ni la mendicidad, tampoco la música, sea instrumental, a capela o ambas, caso aparte, si tenemos algo de suerte nos llegan sonidos agradables entre tanto ruido, los vendedores de cualquier cosa que atosigan a los desazonados usuarios de las camionetitas tampoco pertenecen al género en cuestión, ni son malabaristas o traga-fuego, ni lateros … es otra la ocupación, que tal vez germinó a partir del caos y con la cuál éstos individuos obtienen algo de dinero.
Ésta variedad de trabajador hace uso de sus cuerdas vocales de fuerte manera, alcanzando altos decibeles para así hacerse oír, también utiliza el aire de sus pulmones para el enérgico silbido que emerge a través de su boca, y por si quedaran dudas manipula un pito con el cuál lía a los transeúntes y automovilistas que en algunos momentos no saben que acontece, si hay o no un fiscal, y el por qué de el pitazo, hasta que caen en cuenta que el que lleva el silbato y por ende el mando, es un personaje que está más que ducho en sobrevivir a toda costa, a subsistir como pueda.
Un quehacer original que tiene asilo desde algunos años atrás en el Distrito Capital, particularmente en la Caracas Bonita, pero de manera más visible en la Parroquia de La Candelaria, en el punto norte de la plaza del mismo nombre, en la acera sur de la avenida Urdaneta, en dirección oeste este. Puede que se practique en la otra orilla e inclusive en otro lugar o distrito, pero no con la regularidad y fuerza que se avista en tan concurrido espacio público. El protagonista pareciera no creer en dichos como “El que madruga coje agua clara” o “Al que madruga Dios lo ayuda”, pues no principia su faena madrugando, sino cerca del mediodía y hasta la noche.
Tiene este prójimo la piel tostada, agrietada, envejecida antes de tiempo… Sus ojos siempre inquietos, otean en todas direcciones, aunque su mirada pareciera no querer establecer contacto verdadero con nadie. De movimientos ágiles y enérgicos, tan es así que a veces se asemejan a un saltimbanqui a un contorsionista. Con edad inexacta, altura, tono de piel diversa. Su indumentaria no siempre demasiado sucia y rota es, según sea la procedencia, tanto del personaje como del ropaje, que incluye algo que le es primordial, una gorra, cualquiera, que igual le sirve para resguardarse del sol como de la lluvia, y puede que unas gafas oscuras, si llegan a sus manos.
“¡Aguántalo!” Grita, al mismo tiempo que trata de que el chofer no solo lo oiga sino que lo vea, lo cuál implica saltar, correr, de un lado a otro, de la puerta a la ventanilla del lado del chofer o a la del ayudante. Al quedar medio aparcado o aparcado en el medio el carrito, se agarra o se le atraviesa y entonces comienza a enunciar la ruta: “¡Andrés Bello, por La Chiquinquirá, Los Jabillos, La Campiña, PDVSA, Chacaito!” “Calma mi tío que están bajando. Sube ahorita mi reina, sube que si hay puesto”. Mientras suben usuarios se mantiene dando información del trayecto respectivo, y pendiente de que el ayudante o el chofer le den algunas monedas. “Algo, para no perder todo pana” ¡Dale varón! Le dice al chofer a forma de despedida.
¡Épale Raulín! Es el saludo tanto del chofer como del ayudante para cualquiera de éstos trabajadores informales, cuándo se topan con ellos, a lo que responde el personaje con algo como, ¡Háblame Raulín!
¡Aguántalo varón! ¡Llévatelo! Grita, para indicar que va a subir alguien.
Este espécimen, Raulín, aprovecha la más mínima oportunidad para obtener unas monedas, cosa que no siempre le resulta; claro que viendo la cantidad de veces que pasa una camionetica se deduce que tan mal no le irá y más si es avispado y le cae bien a los camioneteros.
¡Vaya Ricky Martin! Es la nueva frase entre los dos grupos.
Nanda, Abril del 2010
lunes, 3 de mayo de 2010
lunes, 26 de abril de 2010
Sección 11, El personaje típico de la Venezuela actual
En la sección 11 leímos y comentamos varias crónicas, tomando como referencia describir personaje típico de la Venezuela actual y luego salimos en trabajo de campo a un evento local. Posteo aquí una de las crónicas leídas, "El arribista", de Marla Rojas:
El arribista
Nacida aquí, llevo 36 años viviendo en Venezuela y aunque la conozco poco geográficamente, estoy empapada del sentido de pertenencia y las características de un paisano. Un venezolano se reconoce en cualquier parte del mundo ya sea por su tumbao, forma de hablar o maneras de conducirse.
Los venezolanos se deshojan como las capas de una alcachofa. Para mí existen muchos adjetivos a que atribuírselos. Y de allí numerosos personajes que se fijan en mi memoria y que forman parte de la variopinta fauna que pueblan nuestras calles.
Es de esa sólida masa que va todos los días a trabajar, que se mete en el metro a costa de un empujón, grito o pisotón, que permanece horas en el tráfico o simplemente funge como peatón en una ciudad cuyo frenesí nos coloca en unos niveles de stress del primer mundo, que resalta, una figura ineludible y esa es El Arribista.
El Arribista suele venir de ambientes muy precarios y muy difíciles. Salvo su inteligencia no tienen otra riqueza mayor que la capacidad de trabajo. A veces su intelecto los coloca en las oportunidades propicias para escalar. Es así como estos individuos de nula filantropía se aprovechan desde la suegra millonaria hasta el jefe noble que les enseñó todo lo que aprendieron al llegar nuevos a alguna empresa que tenían en la mira.
Moral ninguna. Y no caigamos en el cliché de Maquiavelo porque, ¿para qué citarlo? si lo que es obvio no necesita anteojos.
Digamos que si tienen ética sería la ética del mentiroso. El chanchullo y el guiso es su hábitat común.
No les importa causar daños a terceros incluso si al verse afectados consiguen para ellos un mayor bien. Cada una de sus acciones está vinculada con una razón subjetiva y su principio siempre será ganar-perder, es decir, ellos ganan, siempre y cuando, el resto pierda. Por lo que no se caracterizan por actos de buena fe ya que estaríamos hablando de negociaciones en igualdad de condiciones, cosa que ellos desconocen.
Al principio si como no, muy amables, muy chéveres, muy todo pero paralelamente a su inmunda curiosidad e impertinentes, incómodas y hasta sesgadas preguntas y con las respuestas a ellas, van tejiendo la tela de araña para apresar a su próxima víctima.
Normalmente se plantean metas a futuro y trazan proyectos muchas veces desconocidos hasta por sus más allegados. Subir es cuestión de tiempo lo demás, es herir.
Oiga usted, si se enamora de un o de una arribista y su apartamento es propio y digamos que usted goza de una buena posición tenga cuidado porque hasta una relación paralela le puede descubrir y no sea que su novio o novia termine en su pent house con un mister Venezuela o la con la chica Urbe del mes. Resguarde sus bienes y use el extinguidor en caso de egoísmo catatónico evidenciado en la hipocresía y deslealtad propios del personaje en cuestión.
De paso, lo creen a usted como una persona inocente y hasta indefensa, como diríamos en buen criollo se hacen los locos, subrepticiamente cometen sus iniquidades y nosotros no debemos hacernos los pendejos.
Caracas, ciudad extrema por sus vapores y figuras locales. Y no olvide que el arribista existe también en el diccionario de la Real Academia Española como aquellas “personas que progresan en la vida por medios rápidos y sin escrúpulos”. Manténgase alejado de estos implacables seres y si se topa con alguno, póngale límites de una. Para reconocerlos use lentes tridimensionales pues tienen la cara tan dura y tan cuadrada que pueden ser los protagonistas de cualquier escabroso thriller.
Marla Melissa Rojas
El arribista
Nacida aquí, llevo 36 años viviendo en Venezuela y aunque la conozco poco geográficamente, estoy empapada del sentido de pertenencia y las características de un paisano. Un venezolano se reconoce en cualquier parte del mundo ya sea por su tumbao, forma de hablar o maneras de conducirse.
Los venezolanos se deshojan como las capas de una alcachofa. Para mí existen muchos adjetivos a que atribuírselos. Y de allí numerosos personajes que se fijan en mi memoria y que forman parte de la variopinta fauna que pueblan nuestras calles.
Es de esa sólida masa que va todos los días a trabajar, que se mete en el metro a costa de un empujón, grito o pisotón, que permanece horas en el tráfico o simplemente funge como peatón en una ciudad cuyo frenesí nos coloca en unos niveles de stress del primer mundo, que resalta, una figura ineludible y esa es El Arribista.
El Arribista suele venir de ambientes muy precarios y muy difíciles. Salvo su inteligencia no tienen otra riqueza mayor que la capacidad de trabajo. A veces su intelecto los coloca en las oportunidades propicias para escalar. Es así como estos individuos de nula filantropía se aprovechan desde la suegra millonaria hasta el jefe noble que les enseñó todo lo que aprendieron al llegar nuevos a alguna empresa que tenían en la mira.
Moral ninguna. Y no caigamos en el cliché de Maquiavelo porque, ¿para qué citarlo? si lo que es obvio no necesita anteojos.
Digamos que si tienen ética sería la ética del mentiroso. El chanchullo y el guiso es su hábitat común.
No les importa causar daños a terceros incluso si al verse afectados consiguen para ellos un mayor bien. Cada una de sus acciones está vinculada con una razón subjetiva y su principio siempre será ganar-perder, es decir, ellos ganan, siempre y cuando, el resto pierda. Por lo que no se caracterizan por actos de buena fe ya que estaríamos hablando de negociaciones en igualdad de condiciones, cosa que ellos desconocen.
Al principio si como no, muy amables, muy chéveres, muy todo pero paralelamente a su inmunda curiosidad e impertinentes, incómodas y hasta sesgadas preguntas y con las respuestas a ellas, van tejiendo la tela de araña para apresar a su próxima víctima.
Normalmente se plantean metas a futuro y trazan proyectos muchas veces desconocidos hasta por sus más allegados. Subir es cuestión de tiempo lo demás, es herir.
Oiga usted, si se enamora de un o de una arribista y su apartamento es propio y digamos que usted goza de una buena posición tenga cuidado porque hasta una relación paralela le puede descubrir y no sea que su novio o novia termine en su pent house con un mister Venezuela o la con la chica Urbe del mes. Resguarde sus bienes y use el extinguidor en caso de egoísmo catatónico evidenciado en la hipocresía y deslealtad propios del personaje en cuestión.
De paso, lo creen a usted como una persona inocente y hasta indefensa, como diríamos en buen criollo se hacen los locos, subrepticiamente cometen sus iniquidades y nosotros no debemos hacernos los pendejos.
Caracas, ciudad extrema por sus vapores y figuras locales. Y no olvide que el arribista existe también en el diccionario de la Real Academia Española como aquellas “personas que progresan en la vida por medios rápidos y sin escrúpulos”. Manténgase alejado de estos implacables seres y si se topa con alguno, póngale límites de una. Para reconocerlos use lentes tridimensionales pues tienen la cara tan dura y tan cuadrada que pueden ser los protagonistas de cualquier escabroso thriller.
Marla Melissa Rojas
viernes, 23 de abril de 2010
Sección 10, Más crónicas modernistas
En la sección del 16 de abril de 2010 leímos una crónica de Manuel Díaz Rodríguez, "Constantinopla", de su libro de crónicas de viajes De mis romerías. El escritor venezolano Manuel Díaz Rodríguez fue el prosista más importante del continente, y al igual que las figuras más destacadas del movimiento modernista, fue viajero, pero también alma sensible. También, formó parte de las figuras intelectuales que acompañaron al gobierno de Juan Vicente Gómez, junto a escritores como José Gil Fortoul, Pedro Emilio Coll, Vallenilla Lanz. En la crónica leída se destaca el cuidadoso uso del lenguaje, el cual llega en algunos momentos al lirismo poético, el detalle preciocista. Es el caso de la descripción que hace Díaz Rodríguez de las mujeres del harem del sultán turco, a las cuales compara con las flores de un invernadero, deteniéndose incluso en un área precisa de estas mujeres, sus manos, la única parte su cuerpo visible. De un plano amplio, de la ciudad descrita, Constantinopla, la visión del cronista se va cerrando. Inicia su descripción con la figura del Sultán y su séquito de guerreros, para luego enfocarse en las mujeres de su harem y sus eunucos. Lo importante a destacarse, además del lenguaje preciocista, que ya he señalado, es la perspectiva, cargada de subjetividad, que parte de lo observado pero que va mucho más allá, entregándonos, su mirada acerca de un lugar exótico, una cultura, y lo que esta cultura despierta en su imaginación. Como ya he señalado lo fundamental de una crónica, y que define precisamente el estilo de un cronista, está en estos dos aspectos; por una parte, de qué manera su lenguaje construye una visión de la realidad, y de igual modo, desde qué punto de vista enfoca la realidad observada. Desde ese punto de vista Díaz Rodríguez es una figura paradigmática de la época modernista.
En la sección 10 también leímos y comentamos los ejercicios de tres talleristas.: María Fernada, Diego y Marla. La propuesta del ejercicio era escribir una crónica en la que predominase el tema y la perspectiva subjetiva. Nos resultó evidente que la objetividad sobre un hecho nos resulta más fácil de expresar. Como señalé, toda buena crónica debe presentar una perspectiva con cierto grado de subjetividad, otra cosa distinta es que el tema de la crónica sea de referente subjetivo, es decir, que el tema sea una emoción, un sentimiento, algo que podamos vincular al ámbito de lo íntimo. Aún si nos referimos a un sentimiento ajeno o colectivo, algo de nuestra propia subjetividad se pone en juego, queda expuesto. La crónica "los suicidas del fin del mundo" de Leila Guerriero, publicada por Debate, a la que ya me he referido en un posteo anterior, podría ser un ejemplo paradigmático dentro de la crónica latinoamericana contemporánea.
En la sección 10 también leímos y comentamos los ejercicios de tres talleristas.: María Fernada, Diego y Marla. La propuesta del ejercicio era escribir una crónica en la que predominase el tema y la perspectiva subjetiva. Nos resultó evidente que la objetividad sobre un hecho nos resulta más fácil de expresar. Como señalé, toda buena crónica debe presentar una perspectiva con cierto grado de subjetividad, otra cosa distinta es que el tema de la crónica sea de referente subjetivo, es decir, que el tema sea una emoción, un sentimiento, algo que podamos vincular al ámbito de lo íntimo. Aún si nos referimos a un sentimiento ajeno o colectivo, algo de nuestra propia subjetividad se pone en juego, queda expuesto. La crónica "los suicidas del fin del mundo" de Leila Guerriero, publicada por Debate, a la que ya me he referido en un posteo anterior, podría ser un ejemplo paradigmático dentro de la crónica latinoamericana contemporánea.
Sección 9, conversación con cronista
En la sección del 9 de abril de 2010 conversamos con el señor Rafael Castillo, cronista de Chacao. Quién conversó con nosotros sobre las funciones de un cronista y sobre la historia de Chacao, desde el Chacao amurallado y rodeado de haciendas, vinculado a la familia materna del Libertador, en la que se detenían los viajeros y comerciantes que iban a Caracas (en ese entonces Caracas era el cuadrilátero histórico y algunas manzanas que lo rodeaban), hasta el municipio autónomo que es hoy en día.
jueves, 8 de abril de 2010
Sección 8, La crónica modernista
Continuando con nuestro recorrido histórico de la crónica, leímos tres crónicas modernistas: El colibrí de Pedro Emilio Coll, narrador venezolano y dos crónicas de José Martí, una de las figuras más destacadas del Modernismo latinoamericano, poeta, periodista y político cubano. En la primera parte de la sesión contextualizamos estas crónicas señlando algunas características del Modernismo:
MODERNISMO
Movimiento literario, pero también ideológico, cultural y social latinoamericano, que podemos situar entre las dos últimas décadas del siglo XIX y las dos primeras del siglo XX. Aunque su influencia se extenderá un poco más en el tiempo. Su figura más destacada es el poeta, periodista y diplomático nicaragüense Rubén Darío. Otras figuras importantes son: José Martí, Julián del Casal, José Asunción Silva y Gutiérrez Najera. Entre los escritores venezolanos se encuentran: Manuel Díaz Rodríguez (el máximo prosista continental del Modernismo), Pedro Emilio Coll, Pedro César Dominici, y algunso estudiosos mencionan a Rufino Blanco Fombona. Coincide con la denominada Generación del 98 española (Ramón del Valle Inclán, Miguel de Unamuno, Jacinto Benavente, Pío Banoja y Ramiro de Maeztu). Asimismo coincide en el tiempo con la Belle Epoque (La Bella Época) en Europa. La estética modernista amalgamó diversas tendencias literarias e ideológicas, entre las que podemos mencionar: el Romanticismo, el Realismo, el Naturalismo, el Parnasianismo, el Simbolismo, el Decadentismo, el Prerrafaelismo inglés, y con las corrientes de pensamiento Positivismo, Espiritualismo y Vitalismo. El Positivismo podemos observarlo en las obras modernistas en la fuerte importancia que va a cobrar la noción de Progreso, vinculada con los avances científicos y tecnológicos, la importancia del pensamiento racional, opuesto generalmente a la barbarie. Es por ello que la vida y ambiente urbanos van a ser los referentes predominantes en el texto modernista. Con frecuencia la ciudad de París, en particular, que era el epicentro cultural de la época. El Arte y la Belleza "se postulan como valores supremos y absolutos", como respuesta estética, refinada, a la sociedad mercantilista y mecanizada, que ha transformado el arte en mercancía y ha despojado al artista de su papel ductor en la sociedad. La prosa periodística en particular no escatima la belleza verbal para diferenciarse de las expresiones destinadas al populacho que empiezan a circular en la prensa, tales como el folletín. Por otra parte, la literatura en lengua española se había desgastado, anclándose en el academicismo. la estética hispanoamericana quería diferenciarse de esta estética decadente y proponer una estética singular, propia de América, pero al mismo tiempo universal. El cronista del Modernismo quiere ser ante todo, "ciudadano del mundo". De allí que sea común encontrar referentes exóticos, misteriosos en los textos modernistas, como es el caso de la crónica que leímos de Martí, "Un funeral chino", que describe en detalle las exequias de un personaje relevante de la comunidad china de New York, mostrando rituales, costumbres, trajes. Más allá de lo estético, el Modernismo abarca aspectos de la vida cotidiana de las personas de a pie de la época, que puede observarse en el culto a la moda, al objeto bello, al espectáculo. Lo bello- señala Graciela Montaldo, pasa a ser "algo disponible en el mercado" (...) "desde los trajes cada vez más sofisticados hasta los objetos de aseo personal". Esto se representa en la cronica y el texto modernista en el cuidado que se le presta al lenguaje, hasta volverse incluso preciosista, y a la artificiocidad como valor estético predominante, se contrapone a lo real el ideal del arte. Esto es posible en la medida en que las capitales latinoamericanas empiezan a crecer y se abren al mercado internacional global, una vez que se han independizado de España. Otro aspecto fundamental es el vínculo de la estética modernista con lo espiritual y subjetivo, y especialmente con el "spleen", el malestar del espíritu que surge a propósito de la mercantilización y mecanización de la sociedad, que coloca al artista y al escritor al margen de la sociedad, al no poder asignarle un valor productivo a su trabajo. Señala Darío en uno de sus textos: "Las musa se van, porque vinieron las máquinas y apagan el eco de las liras". Hay también en el escritor y cronista de la época un cierto hedonismo, que lo lleva a destacar en sus descripciones todo aquello que puede percibirse a través de los sentidos: colores, olores, sabores. De igual modo el referente erótico cobra relevancia. Por otra parte, debe señalarse el estrecho vínculo entre Modernismo y Modernidad, al igual que el artista del Renacimiento, el modernista, y muy especialmente el escritor de crónicas, le interesa estar al día, enterarse y mostrar los avances y novedades de los países más avanzados. Lo que no les es difícil puesto que los grandes escritores latinoamericanos del Modernismo van a ser viajeros. Vivirán en distintos países latinoamericanos, en los Estados Unidos y en Europa. En su propia escritura le interesa destacarse por su originalidad y novedad, que va a tomar de diversas culturas, idiomas, y movimientos estéticos. Su referente es el hombre universal, culto, que surge con la Ilustración, el enciclopedismo, a finales del siglo XVIII.
Bibliografía
Díaz Rodríguez, Manuel. (1942) "Paréntesis modernista o ligero ensayo sobre el Modernismo". En Camino de perfección y otros ensayos. Apuntaciones para una biografía espiritual. Caracas: Editorial Cecilio Acosta
Montaldo, Graciela. (1995). La sensibilidad amenazada. Caracas: Fundación Celarg/Planeta.
Rama, Ángel. Rubén Darío y el Modernismo. Editorial Alfa.
MODERNISMO
Movimiento literario, pero también ideológico, cultural y social latinoamericano, que podemos situar entre las dos últimas décadas del siglo XIX y las dos primeras del siglo XX. Aunque su influencia se extenderá un poco más en el tiempo. Su figura más destacada es el poeta, periodista y diplomático nicaragüense Rubén Darío. Otras figuras importantes son: José Martí, Julián del Casal, José Asunción Silva y Gutiérrez Najera. Entre los escritores venezolanos se encuentran: Manuel Díaz Rodríguez (el máximo prosista continental del Modernismo), Pedro Emilio Coll, Pedro César Dominici, y algunso estudiosos mencionan a Rufino Blanco Fombona. Coincide con la denominada Generación del 98 española (Ramón del Valle Inclán, Miguel de Unamuno, Jacinto Benavente, Pío Banoja y Ramiro de Maeztu). Asimismo coincide en el tiempo con la Belle Epoque (La Bella Época) en Europa. La estética modernista amalgamó diversas tendencias literarias e ideológicas, entre las que podemos mencionar: el Romanticismo, el Realismo, el Naturalismo, el Parnasianismo, el Simbolismo, el Decadentismo, el Prerrafaelismo inglés, y con las corrientes de pensamiento Positivismo, Espiritualismo y Vitalismo. El Positivismo podemos observarlo en las obras modernistas en la fuerte importancia que va a cobrar la noción de Progreso, vinculada con los avances científicos y tecnológicos, la importancia del pensamiento racional, opuesto generalmente a la barbarie. Es por ello que la vida y ambiente urbanos van a ser los referentes predominantes en el texto modernista. Con frecuencia la ciudad de París, en particular, que era el epicentro cultural de la época. El Arte y la Belleza "se postulan como valores supremos y absolutos", como respuesta estética, refinada, a la sociedad mercantilista y mecanizada, que ha transformado el arte en mercancía y ha despojado al artista de su papel ductor en la sociedad. La prosa periodística en particular no escatima la belleza verbal para diferenciarse de las expresiones destinadas al populacho que empiezan a circular en la prensa, tales como el folletín. Por otra parte, la literatura en lengua española se había desgastado, anclándose en el academicismo. la estética hispanoamericana quería diferenciarse de esta estética decadente y proponer una estética singular, propia de América, pero al mismo tiempo universal. El cronista del Modernismo quiere ser ante todo, "ciudadano del mundo". De allí que sea común encontrar referentes exóticos, misteriosos en los textos modernistas, como es el caso de la crónica que leímos de Martí, "Un funeral chino", que describe en detalle las exequias de un personaje relevante de la comunidad china de New York, mostrando rituales, costumbres, trajes. Más allá de lo estético, el Modernismo abarca aspectos de la vida cotidiana de las personas de a pie de la época, que puede observarse en el culto a la moda, al objeto bello, al espectáculo. Lo bello- señala Graciela Montaldo, pasa a ser "algo disponible en el mercado" (...) "desde los trajes cada vez más sofisticados hasta los objetos de aseo personal". Esto se representa en la cronica y el texto modernista en el cuidado que se le presta al lenguaje, hasta volverse incluso preciosista, y a la artificiocidad como valor estético predominante, se contrapone a lo real el ideal del arte. Esto es posible en la medida en que las capitales latinoamericanas empiezan a crecer y se abren al mercado internacional global, una vez que se han independizado de España. Otro aspecto fundamental es el vínculo de la estética modernista con lo espiritual y subjetivo, y especialmente con el "spleen", el malestar del espíritu que surge a propósito de la mercantilización y mecanización de la sociedad, que coloca al artista y al escritor al margen de la sociedad, al no poder asignarle un valor productivo a su trabajo. Señala Darío en uno de sus textos: "Las musa se van, porque vinieron las máquinas y apagan el eco de las liras". Hay también en el escritor y cronista de la época un cierto hedonismo, que lo lleva a destacar en sus descripciones todo aquello que puede percibirse a través de los sentidos: colores, olores, sabores. De igual modo el referente erótico cobra relevancia. Por otra parte, debe señalarse el estrecho vínculo entre Modernismo y Modernidad, al igual que el artista del Renacimiento, el modernista, y muy especialmente el escritor de crónicas, le interesa estar al día, enterarse y mostrar los avances y novedades de los países más avanzados. Lo que no les es difícil puesto que los grandes escritores latinoamericanos del Modernismo van a ser viajeros. Vivirán en distintos países latinoamericanos, en los Estados Unidos y en Europa. En su propia escritura le interesa destacarse por su originalidad y novedad, que va a tomar de diversas culturas, idiomas, y movimientos estéticos. Su referente es el hombre universal, culto, que surge con la Ilustración, el enciclopedismo, a finales del siglo XVIII.
Bibliografía
Díaz Rodríguez, Manuel. (1942) "Paréntesis modernista o ligero ensayo sobre el Modernismo". En Camino de perfección y otros ensayos. Apuntaciones para una biografía espiritual. Caracas: Editorial Cecilio Acosta
Montaldo, Graciela. (1995). La sensibilidad amenazada. Caracas: Fundación Celarg/Planeta.
Rama, Ángel. Rubén Darío y el Modernismo. Editorial Alfa.
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