viernes, 18 de junio de 2010

Ayer, hoy...siempre

Confesar algo íntimo, que está dentro de mí, es muy difícil,por ser hombre y además a mi edad, pasados 62 años, como es tener un amor escondido. En primer lugar desde niño fui siempre muy cegato, la miopía fue alta, y no podía jugar a la pelota como cualquier muchacho de mi edad. Por el otro lado, por tener trece hermanos, mi padre no podía ver por mí.

Entre mis hermanos, hermanas, los amigos y amigas,la casa siempre estaba llena de gente.No había un minuto de silencio. Cuando llegó la televisión, aumentó el número de niños y niñas, así fue pasando mi vida. Cuando tenía 15 años, viendo la televisión, la vi a ella.Ese día me enamoré profundamente y hasta el sol de hoy sigo fiel enamorado de ella.

Vivía en El Paraíso, cerca de la parroquia de San Juan, empecé a tener amigos que iban a la escuela, mi maestra Yolanda nos llevaba a las reuniones y a las fiestas de la casa Cantaclaro, donde funcionaba el partido comunista. Viendo y leyendo los discursos, terminé como un militante más de esas ideas, leía mucho filosofía marxista. Los más pequeños de mi familia discutían conmigo, ellos me compraban revistas de farándula, especialmente Venezuela Gráfica, sobre la farándula criolla, yo la guardaba entre mis libros.
Ellos me decían: "-Para levantar una muchacha no se hace con filosofía, sino con esas publicaciones".

Hoy con mi alma en los ojos, triste y con mucha pena descubrí como esos ideales de sueños se convirtieron en monstruos, aspectos donde lo importante es ser genuflexo, donde el conocimiento es algo subversivo, como dijo un español: "Cuando hablan de cultura, saco mi pistola".

Hoy y siempre busco una estrella.

Ella está en ese lugar donde está ubicado mi amor.
Ella siempre será todas mis emociones, ella es mi amor bien escondido.
Ella es...

La Lila Morillo, cantando el Cocotero.


Gustavo Misle

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